editorial | El Mercurio, 07704/2011.-
Nuestro país tiende a tener una mirada catastrofista sobre la educación chilena, y hay fundamentos que la explican. Pero conviene recordar que si bien los resultados en pruebas internacionales no son excelentes, tampoco son paupérrimos: están, aproximadamente, en línea con la inversión que realiza Chile en educación, con una historia de inadecuada inversión durante gran parte del siglo XX. No se puede olvidar que hace tan sólo cinco décadas la cobertura en educación secundaria apenas alcanzaba al 15 por ciento, y en básica aún no era completa. Países del este de Asia, que partieron mucho más rezagados en términos de escolaridad de su población a fines de la década de 1950, hacia fines de los años 70 ya nos habían superado en escolaridad. Esa realidad, que recién se ha comenzado a corregir en las últimas tres décadas, hoy nos permite exhibir muy buenos datos de cobertura, pero ha sido un lastre que afecta nuestros desempeños educativos.