El Mercurio, 09/06/2011, por Alejandra Muñoz C., extracto.-
Tranquilo tras el incidente del martes con los alumnos de la U. Tecnológica Metropolitana, preocupado por la espiral de violencia y molesto con los destrozos en los liceos estaba ayer el ministro de Educación, Joaquín Lavín.
La autoridad, quien dijo que no tomará acciones legales contra los jóvenes que lo agredieron, sostuvo que los episodios de violencia de esta semana deberían servir como punto de inflexión para que haya una fuerte sanción social frente a esta actitud.
Además, afirmó que está dispuesto a conversar con los estudiantes sobre temas concretos, como la reconstrucción de los colegios dañados por el terremoto.
-¿Cómo evalúa el ambiente que se ha dado en el sector educacional esta semana?
Un grupo de estudiantes está tomando el peor de los caminos, que es el de la violencia, pero siento que ese grupo -como los encapuchados del Barros Borgoño que rompieron el mobiliario o los de ayer (martes), en lo que me pasó a mí- es muy poco representativo, son los más vociferantes, los que más se escuchan, pero no son la mayoría. Estoy convencido de que la mayoría, las familias, lo que quieren es estudiar. Por eso hago un llamado a las familias a reaccionar. No podemos dejar que un grupo más radicalizado nos marque la pauta.
-¿Qué le parece que las federaciones de estudiantes y los rectores repudiaran la acción?
Me alegró mucho. Para mí lo más importante es que la violencia tenga una sanción social, después vendrán las sanciones judiciales, que probablemente son más lentas, pero lo más importante es que quienes ejerzan la violencia sientan que son socialmente aislados. Ojalá que esto se constituyera en un punto de inflexión para decir paremos esto, basta con esto.
-En las imágenes de lo que pasó el martes usted se ve muy preocupado. ¿Qué sintió en ese momento?
Mantuve la serenidad en todo momento, estaba entregado a lo que pasara, serenamente, a enfrentar la situación. Son momentos de alta tensión en los que uno como autoridad tiene que mantener la calma. Obviamente la situación era difícil, porque uno está zamarreado, empujado para todos lados. Llamé especialmente para agradecerle al rector Rubén Covarrubias porque fue el que más reaccionó. Fue un momento de alta tensión enfrentado con mucha serenidad, y al mismo tiempo teniendo claro que hay que seguir adelante con la reforma a la educación superior.
-Los profesores anunciaron paro para la próxima semana. ¿Qué le parece?
En un momento en que se ve una situación con universitarios, luego se ven cuatro colegios, me imagino que habrá otros que intentarán "avivar la cueca", pero no me preocupa. Cuando me nombraron ministro supe desde el primer día que estas cosas podían pasar. El primer año fue muy tranquilo, probablemente por el terremoto. Pero este año estamos viviendo los conflictos propios de lo que significa este sector. Siempre estuve mentalmente preparado para cuando llegara este minuto. Y llegó.
-¿A qué se debe la posición más dura sobre las tomas que planteó al alcalde Zalaquett?
Lo que más me molestó fue la destrucción del mobiliario en el Barros Borgoño. El alcalde Zalaquett vino a decirme que no tenía plata para comprar muebles y por lo tanto había un problema porque necesitamos que vuelvan a clases. Me vi "forzado" a hacer el cheque por $50 millones y eso me rebela. Me molesta, porque yo sé lo que significan $50 millones para un colegio pobre en Chile. Que sean $50 millones que hay que gastar porque un grupo de vándalos rompió el mobiliario escolar, es inaceptable. Le dije al alcalde que tenía que seguir con la acción judicial, porque aquí tiene que haber responsables, si no siempre terminará 'pagando Moya', todos los chilenos, por un grupo de vándalos. Eso en algún momento hay que pararlo y ese momento es ahora.
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