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05-05-2006

Una opinión sobre la detención masiva de estudiantes secundarios realizada en Santiago.

Difícil cerrar la semana sin antes poner de manifiesto mi alarma por el cauce que toma la acción de la autoridad cuando se trata de protestas de jóvenes secundarios – casi niños - detenidos masivamente en la protesta del día jueves en Santiago: La prensa informó de más de seiscientas detenciones. ¿Se trató de sentar una advertencia?
Dificilísimo debe ser para la autoridad justificar semejante demostración de fuerza. No basta una declaración del General de Carabineros acerca de la necesidad de mantener el orden público. Es una acción que deja en suspenso una definición pública por parte del gobierno. No es la actitud que esperaba de la nueva autoridad y me decepciona su estilo.
Tampoco es una excusa confundir la destrucción causada por otros grupos el 1ero de Mayo. Pues no se trata de lo mismo. Pero si ese es el trasfondo, los secundarios pagaron con una detención masiva la destrucción hecha por otros.
En momentos en que el gobierno decide qué hacer con los Imprevistos Superávits del Cobre, la precariedad de la enseñanza pública en Chile y de los servicios complementarios como el pase escolar y las dificultades de su resolución hace pensar en la necesidad de accelerar la reforma del sistema educacional. Paradojalmente, la educación no parece ser prioridad para el Ministro de Hacienda, él mismo profesor universitario.
Es un terreno abonado para el descontento - como lo vimos en el caso de Lota. El reflejo actual de austeridad de la nueva autoridad se conjuga mal con el del peso normativo de esta detención masiva. ¿Nada nuevo entonces?
No creo recordar una situación parecida en democracia. Arturo Durán.

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