Una economía de interacciones demanda trabajadores con conocimiento. La pregunta fundamental es: ¿estamos preparados para triunfar en esta nueva economía? La respuesta está en las raíces mismas del éxito económico que puede, en gran parte, rastrearse a través de la salud de su sistema educativo. No podemos ignorar nuestras raíces educativas, particularmente la importancia de la educación en matemáticas, ciencias e ingeniería, y su relación estrecha con el grado de liderazgo de nuestros países en el ámbito de la economía de interacciones.
Internet extiende la educación, la comunicación y el comercio, a cada persona que se conecta a una red, y hace irrelevantes los conceptos de tiempo y lugar, creando no sólo un mundo que es plano, sino un campo de juego que ahora es global. Cualquier país que pueda ofrecer trabajadores con la capacitación y los conocimientos adecuados puede entrar en el juego. Es en estos tiempos de transición del mercado cuando ocurren las mayores alteraciones, y cuando surgen ganadores o perdedores inesperados.
Vivimos en un mundo en el que los niños están fascinados por los juegos interactivos, la mensajería instantánea y los teléfonos celulares, pero que en general no muestran mayor interés por las tecnologías que permiten llevar a cabo estas interacciones. Es por esto que debemos comprometer nuestros recursos e imaginación para despertar este interés y entregarles una educación que los habilite, y por ende a nuestros países, a competir. Debemos reconocer, mientras diseñemos un sistema educativo que no deje a ningún niño fuera, que dejaremos a nuestros países fuera si no impulsamos una revolución en la educación de las matemáticas, la ciencia y la ingeniería.
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