El Mercurio, editorial, 06/06/2010, extracto.-
Los cambios en educación generalmente maduran en plazos largos, desalentando a los gobiernos apenas surgen problemas en los procesos de transformación. Sin embargo, Chile necesita particular perseverancia en algunas áreas, como la preparación y selección de docentes. Los bajos logros en aprendizajes, que también afectan al subsistema particular pagado, confirman que en nuestra educación faltan competencias docentes. Así, hace pocas semanas, la prueba Inicia mostró las fallas pedagógicas y disciplinarias de nuestros egresados de pedagogía y sus escasas habilidades (485 puntos promedio en la PSU), y fue un anticipo de los resultados que cabía esperar en el Simce.
Urge que, como lo hacen los países con mejores resultados en pruebas internacionales, nuestro país atraiga a sus jóvenes con más talentos a la profesión docente. Eso requiere reformas profundas, desde luego en las instituciones formadoras, que hoy no están a la altura de las exigencias de esta tarea. Los jóvenes más hábiles difícilmente se sentirán motivados a ingresar a nuestras actuales facultades de educación. En ese ámbito hay algunos procesos de renovación interesantes, pero debe acelerarse y apoyarse resueltamente todo lo relativo a formación. Además, cabe admitir que la oferta de pedagogías ha aumentado considerablemente en los últimos años, al grado de que Chile probablemente forma profesores a un ritmo que duplica sus necesidades, en una serie de programas de dudosa calidad; las exigencias de ingreso a la profesión docente son mínimas, y los sostenedores y directivos públicos no tienen facultades reales para definir sus equipos docentes.
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