en: blog.latercera.com, 10/11/2009
El debate sobre la educación en Chile ha salido del aparente receso, esta vez con la huelga de profesores por la deuda histórica a sus remuneraciones por más de 20 años.
El personal afectado se calcula en más de setenta mil docentes y se estima que el monto supere los US $10 mil millones.
Es un tema local con repercusión global por el rol del Banco Mundial en la reforma de la educación en Chile y en otros países. El sistema educacional ya estuvo conmocionado por el movimiento estudiantil que estremeció por un mes al país en 2006.
Chile ha sido el “modelo” en varias áreas de intervención global del Banco Mundial y la crisis educacional chilena reforzada por el continuo malestar del personal docente se proyecta internacionalmente.
El modelo educacional chileno actual surge de los programas de reforma sectorial implementados por el Banco Mundial.
Forman parte del llamado Ajuste Estructural de los años 80 para enfrentar la crisis financiera de los 70. Como es sabido, la privatización de los servicios públicos -educación un punto clave- forma parte de la tríada de pilares del ajuste, con desregulación y apertura de mercados.
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La gestación de la reforma educacional como un componente vital del ajuste, parte con el gobierno militar que se aplica con una medida de fuerza: privatizar y municipalizar la enseñanza primaria y secundaria.
El objetivo es que el sector educacional funcione como un sistema productivo con rentabilidad y autofinanciamiento, donde familias, apoderados, alumnos, y profesores formen parte de un conjunto empresarial. El colegio es el lugar físico, las personas son sus productores.
No se percibe una jerarquización refinada de los actores en el foco, de allí que las demandas salariales del personal docente quedaron extraviadas en el objetivo central del diseño de privatizar y descentralizar, un eufemismo para des-estatizar.
La reforma comienza en 1980, y continúa en los años 90. Tanto el soporte técnico como financiero de la reforma educacional chilena es el resultado de una estrecha asociación técnica y política entre el Banco Mundial y el gobierno de Chile, tanto en el período militar como en el democrático.
El Banco Mundial ha elogiado el resultado de la reforma y el rendimiento de sus componentes principales, como descentralización, financiamiento, Jornada Escolar Completa (JEC), Ley Orgánica Constitucional para la Enseñanza (LOCE) y los sistemas de evaluación.
“El resultado es uno de los sistemas educacionales más innovadores, costo eficiente, y comparativamente equitativos entre los países en vías de desarrollo”. Así está señalado en el informe de Francois Delannoy, “Education Reforms in Chile: A lesson in pragmatism”. (Banco Mundial 2000).
Las conclusiones señalan que: “ La mayor parte de los instrumentos de un sistema educacional moderno – transparencia, evaluación de los estudiantes-flexibilidad curricular, población objetivo, inversión en la calidad de los insumos y contenidos, atención a los procesos de salas de clases, desarrollo profesional continuo y autonomía de la escuela- están presentes en el sistema chileno y han estado presentes por más tiempo que la mayoría de los otros países incluyendo algunos de los que forman la OECD. Y el sistema continúa avanzando”.
Las observaciones forman parte de una investigación de 18 meses donde se agradece la estrecha colaboración de los profesionales chilenos que han sido protagonistas en la reforma educacional.
Si el estudio más que favorable al estado de la educación en Chile, que cubre 1980 –1998, se toma al pie de la letra, significa que desde 1999, al momento en que estallan las protestas en 2006 y que continuaron con intermitencia hasta ahora, el deterioro de la educación ha sido acelerado y considerable.
Hay algo significativo que no cuadra. Es el desfase entre el informe del Banco y la realidad post 2000.
Tanto el movimiento estudiantil, como la llamada “deuda histórica” a los docentes y el extenso registro político de su entorno, son indicadores de que no se resolvieron problemas de fondo.
Se identifica una brecha gruesa entre una “evaluación positiva con recomendaciones para mejorías” y el diagnóstico de “desastre educacional en Chile” que generó el movimiento estudiantil, al que se agrega este “descubrimiento” de la deuda histórica.
La evaluación del Banco Mundial llevada a cabo a mediados de los años 90, que analiza positivamente la municipalización de la educación como forma de descentralizar la gestión y el financiamiento no profundiza en el impacto del persistente incumplimiento de una política de estado respecto a las remuneraciones de los docentes.
No es concebible que los agentes clave en la evaluación, no hayan advertido de su dimensión futura y su impacto en la reforma.
La omisión del estado de las remuneraciones en la descentralización, está revelando un elemento intrínseco en el concepto de privatizar: hacer que el espacio de la educación adquiera el nivel máximo de costo-beneficio posible a expensas de una inducida deuda salarial. Como que las remuneraciones del personal docente no formaran parte de la centralidad en el desarrollo de la educación. Se confirma el corazón de la oscuridad del Ajuste Estructural con el modelo chileno como un caso paradigmático.
La evaluación tal vez sea el problema menor, y que la responsabilidad sea colectiva arrastrándose por el sistema político.
Esta brecha entre evaluación positiva, y diagnósticos posteriores no han formado parte del debate público con más difusión, y no se ha detectado en el dominio más público algún plan de una evaluación futura más integral del Ajuste Estructural.
El movimiento estudiantil y la huelga de docentes, son indicadores de que la aplicación de dos décadas de reforma educacional y ajuste estructural en Chile a la larga no funcionó.
Es una observación que apunta a una indagación más profunda, y con la cual Chile podría ser entonces el “modelo” esperado de las lecciones del Ajuste a partir de la educación.
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